Las tiendas de experiencias son aquellas donde no se vende nada, simplemente son un escenario para generar experiencias con el producto o la marca. Todo arrancó con el espacio que abrió Samsung en New York, concretamente en Manhattan, allá por el año 2004. Con ella inventaron un nuevo concepto de tienda, donde la venta en el acto carece de sentido, a la búsqueda de algo más profundo pero al mismo tiempo más rentable como demostraron las cifras.
El Herald Tribune Bussines, el 18 de Marzo del presente año en relación a ello, publicaba "At the 'experience store,' a new concept in retailing, loitering is the right idea". Sin lugar a dudas esto es un claro ejemplo de Marketing Lateral difundido por Fernando Trías de Bes -que como nos advertía Rafael González- será protagonista de la ponencia Lateral Experience en el próximo Forum Mundial de Marketing e Innovación-. Un marketing el lateral, que a diferencia del vertical y tal como nos describen Trías y Kotler,
recurre al hemisferio derecho en el que reside la creatividad.
Volviendo a la "experience store", en ellas no hay cajas, ni vendedores, ni ofertas, no aparecen los precios de los productos. En las "ES" de Samsung las personas hallarán lugares acogedores donde sentarse en un sofá a escuchar música con un reproductor de mp3 durante horas o comprobar la calidad de imagen de las últimas pantallas de plasma. La IDEA está clara: fortalecer la experiencia con el producto al objeto de afianzar la decisión de compra, luego vendrá la compra en otro escenario diferente, destinado únicamente a la transacción económica.
Pues bien, ¿cómo aplicamos esto al turismo? Algunas agencias, para salir de las crisis que está experimentando la intermediación minorista tradicional, optaron por la práctica de experience store, a medias eso sí. Ofrecen lugares de relax para entrar en contacto con los viajes a través de guías, charlas de viajeros, libros, videos, etc.; en un ambiente que provoca la distención, aunque finalmente comparten espacio con los motradores de venta. Yo iría a más, prescindiría de la venta en ese local y ésta la dejaría para hacerla a través de internet, en la website de dicha agencia.
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domingo, 22 de julio de 2007
domingo, 15 de julio de 2007
La Vida es Bella, "regálate una experiencia"

La Vida es Bella es una empresa que ofrece "experiencias" (a lifetime experience). Su origen está en Brasil, pero llevan ya más de un año operando en nuestro país, en breve también iniciarán actividad en el Norte de Europa.
¿Os acordáis de la película "The Game" (1.997), con Michael Douglas? En ella, el protagonista era obsequiado con una aventura inolvidable, que le hace romper su monótona vida de ejecutivo cansado. Pues bien, salvando las distancias, ahora todos podremos ser protagonistas de una vivencia memorable, bien por iniciativa propia o por que alguien nos la obsequie.
La Vida es Bella -como empresa gestora de experiencias- nos ofrece más de 500 actividades experienciales, que ellos agrupan en temáticas ligadas al aire, la filosofía Zen, la velocidad, la naturaleza, el agua, personal, niños y escapadas. Incluso tienen un apartado para hacer realidad tus sueños (¿podrían conseguir el mío de jugar un partido con los Lakers?)
Su propuesta de experiencias -cuidadosamente seleccionada- va desde la simulación de un combate aéreo de la segunda guerra mundial hasta una noche en un cementerio, pasando por conducir un F1 o a lo mejor contraer nupcias en una boda-safari. Sin olvidarnos de la posibilidad de reservar una plaza en el submarino MIR para contemplar con tus propios ojos los restos del Titanic. Para los más "Zen" sesiones de taichi en un rascacielos de Madrid o Spas de lo nunca visto. Bueno, os tengo que decir que ya he escogido una para este verano, se trata de la que lleva por título La Casa del Miedo, y así reza en su catálogo:
¿Has oído hablar de las leyendas urbanas? Esas historias terroríficas, excitantes, cautivadoras, increíbles, que circulan por ahí y en las que tú nunca te has visto sumergid@ …¡pues ahora serás su protagonista! Doña Julia Almazán, viuda de Sotogrande, tiene el gusto de invitarte a su casa, tras largo retiro de la vida pública. Te enviará una carta en la que te detallará sus instrucciones. Al caer el sol, el séquito de sirvientes de la Sra. Almazán os recibirá, a ti y al resto de los invitados, y os conducirá a las habitaciones, último refugio de luz en una casa condenada a la penumbra por la extraña enfermedad que padece su dueña. También realizarás una ruta nocturna al cementerio familiar en una extraña velada en la que tampoco faltará la irrupción de un misterioso viajero y la presencia de una médium, que te ayudará a la resolución de la trama. Tras una larga noche, desvelarás el resto de incógnitas de la trama tras el reconfortable desayuno. ¡Pasarás una noche de muerte!
La pega que le pongo al proyecto es que deberían concebirlo desde la óptica 2.0, dónde los comentarios de los clientes experienciales contribuirían a dotar a la Vida es Bella de mayor fuerza y atracción. Es decir, éste puede ser un producto que los Social Media relanzarían como nadie
domingo, 8 de julio de 2007
Galactic suite, experiencias de película ideadas desde Barcelona

Mi alabado Rolf Jensen establecía como una de las líneas de producto para la Dream Society las "aventuras de película". Pues bien, el proyecto del que voy a hablar a continuación sin lugar a dudas deparará una experiencia a la altura del mismísimo George Lucas o Julio Verne.
Mi asistencia la semana pasada a Renacer 07 me ha servido -entre otras muchas cosas-para conocer del trabajo de Xavier Claramunt, un arquitecto sin límites y complejos, alma mater de EQUIP (antigua ADD), empresa multidisciplinar que -desde su LAB- ha ideado un hotel en el espacio, así como otro en el fondo del mar.
Hoy me detendré en la propuesta galáctica, que supera los viajes por el espacio de Virgin Galactic. Un ejercio de libertad e impulso neuronal les llevó hasta la idea, para lo que hicieron de los límites de lo razonable algo movible por el poder de los sueños, y encima en España.
Según nos contó Claramunt, el proyecto consitirá -lo describiré desde mi nulo conocimiento de aeronáutica espacial- en instalar en el espacio diferentes cápsulas en forma de apartamentos, hasta componer una imagen parecida a un racimo de uvas, que partirán de un módulo central, donde estarán los servicios comunes de recepción, bar y restaurante. Las habitaciones gozarán de un gran ventanal para contemplar el exterior y no tendrán ángulos ni líneas rectas. Estas dependencias, con una altura de 4 metros y una longitud de 7 metros, están diseñadas para ejercer una libertad de 360º.
Este producto experiencial saldrá al mercado con una duración de 15 días, de los cuales 10 se pasarán en una isla del Caribe, donde se realizará toda la preparación técnica necesaria -eso sí en plan vacaciones- y el lanzamiento. Ya en el "Resort espacial" el viajero disfrutará de una estancia de 3 días.
La bueno de todo es que en enero del 2008 empieza la construcción del primero, que cuenta como inversores a Deutche Bank,la CNN y un rico multimillonario del cual no desveló el nombre.
PD: Por cierto, ¿a qué normativa hotelera se acogerán?
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domingo, 17 de junio de 2007
Turismo creativo

Llevo ya algunas semanas queriendo escribir un post sobre el concepto de turismo creativo. El gran divulgador de éste fue Greg Richars, miembro del Observatorio Interarts de Barcelona www.interarts.net, quien empezó a utilizarlo a principios del milenio y lo definió como "aquel tipo de turismo que ofrece a los visitantes la oportunidad de desarrollar su potencial creativo mediante la participación activa en cursos y experiencias docentes característicos del destino turístico que han elegido".
Es decir, liguemos la creación del turista con el lugar donde se ha producido en orden a configurar una forma enriquecedora de entender el turismo cultural. Serán ejemplos de esto actividades de show cooking participativas de platos tradicionales en Andalucía, elaboración propia de vinos en La Rioja, cursos de "sevillanas" para extranjeros, etc. A Sevilla llegan muchos japonenes para aprender a bailar flamenco, tocar la gitarra, y alguno hasta a torear, organicemos todo esto y démosle forma como estrategia de destino.
Pero el turismo creativo también presenta otra faceta altamente interesante, donde podemos encontrar ejemplos como el proyecto Barcelona Creativa www.barcelonacreativa.info, plataforma configurada por Turisme de Barcelona que pretende explotar este concepto ligado a la generación de un flujo turístico a la ciudad de grupos culturales como músicos, artistas creadores que quieran viajar para actuar o desarrollar su arte. Por cierto, ¿os acordáis de aquel pueblo en Huelva que invitó a escultores a que crearan sus obras y las dejaran en sus calles?
Y con la música, ¿por qué no fomentamos la creación de hoteles para músicos, con habitaciones insonorizadas, de manera que creen arte en nuestro establecimiento...?
Ya lo anunció Ignacio Alcalde, director de la Fundación Metropoli www.fundacion-metropoli.org, en una conferencia a la que tuve la oportunidad de asistir en Málaga, cuando hablaba de la Economía de la Creatividad como contexto generador de riqueza para las ciudades. De esta forma, configuremos destinos atractivos por la creatividad que presentan y proponen. En fin, creo que el turismo creativo nos puede dar mucho juego como línea estrategia para el turista del siglo XXI.
jueves, 22 de marzo de 2007
¿Cómo crear una experiencia en Turismo?
Creo que a estas alturas de curso está bastante asimilada por el sector la necesidad de que la estancia en un destino o el servicio recibido se convierta en toda una experiencia. Bien, no voy a incidir más sobre este asunto puesto que ya lo he hecho otras veces desde esta ventana de opinión que me ofrece http://www.andaluciaturismodigital.com/. Pero la gran duda que se me plantea es si realmente conocemos las características que deberá presentar un producto turístico que desee alcanzar el estadio de Experiencia.
Como advierte el pensador y filósofo Walter Benjamín en su ensayo “Experiencia”, la experiencia es una vivencia que se aleja de lo cotidiano para transformarse en algo memorable. Esta debe ser capaz de contribuir a un enriquecimiento personal del que la vive. Indudablemente, las experiencias pueden ser agradables o todo lo contrario. Nosotros, en su aplicación turística, nos quedaremos con las positivas. Desde mi punto de vista, un producto turístico se puede considerar experiencia si es capaz de ser multisensorial, responsable, personal, generar conexión, único y cualitativo emocionalmente.
Es decir, el consumo de la actividad turística diseñada como experiencia debe abarcar estos cinco aspectos. Éstos son el trabajar mayor número de sentidos para el cliente (la vista debe compartir protagonismo con el olor, el tacto, etc.); configurar un turismo responsable, en relación a la sostenibilidad ambiental, la responsabilidad social, el compromiso con el entorno cultural, así como en relación al propio turista, por otra parte el turista deberá reconocerlo como experiencia propia y personal; planteando en el mercado una singularidad y autenticidad que genere en el público objetivo interés por vivirlo. Así mismo, debe establecer una conexión emocional con el cliente de por vida y tiene que ser un producto cualitativo emocionalmente.
Como fin último, el desarrollo de estos cinco apartados tiene que alcanzar el Flow, concepto acuñado por el sicólogo M. Csikzntminhalyi y que ya fuera tocado por Isaac Vidal en sus siempre interesantes reflexiones dentro de su blog personal. Por Flow entendemos “un estado en el que la persona se encuentra completamente absorta en una actividad para su propio placer y disfrute, durante la cual el tiempo vuela y las acciones, pensamientos y movimientos se suceden unas a otras sin pausa. La persona está en flow cuando se encuentra completamente absorbida por una actividad durante la cual pierde la noción del tiempo y experimenta una enorme satisfacción”.
El reto es claro: las experiencias que ideemos como producto turístico deberán tener como objetivo alcanzar ese llamado Flow del viajero.
Como advierte el pensador y filósofo Walter Benjamín en su ensayo “Experiencia”, la experiencia es una vivencia que se aleja de lo cotidiano para transformarse en algo memorable. Esta debe ser capaz de contribuir a un enriquecimiento personal del que la vive. Indudablemente, las experiencias pueden ser agradables o todo lo contrario. Nosotros, en su aplicación turística, nos quedaremos con las positivas. Desde mi punto de vista, un producto turístico se puede considerar experiencia si es capaz de ser multisensorial, responsable, personal, generar conexión, único y cualitativo emocionalmente.
Es decir, el consumo de la actividad turística diseñada como experiencia debe abarcar estos cinco aspectos. Éstos son el trabajar mayor número de sentidos para el cliente (la vista debe compartir protagonismo con el olor, el tacto, etc.); configurar un turismo responsable, en relación a la sostenibilidad ambiental, la responsabilidad social, el compromiso con el entorno cultural, así como en relación al propio turista, por otra parte el turista deberá reconocerlo como experiencia propia y personal; planteando en el mercado una singularidad y autenticidad que genere en el público objetivo interés por vivirlo. Así mismo, debe establecer una conexión emocional con el cliente de por vida y tiene que ser un producto cualitativo emocionalmente.
Como fin último, el desarrollo de estos cinco apartados tiene que alcanzar el Flow, concepto acuñado por el sicólogo M. Csikzntminhalyi y que ya fuera tocado por Isaac Vidal en sus siempre interesantes reflexiones dentro de su blog personal. Por Flow entendemos “un estado en el que la persona se encuentra completamente absorta en una actividad para su propio placer y disfrute, durante la cual el tiempo vuela y las acciones, pensamientos y movimientos se suceden unas a otras sin pausa. La persona está en flow cuando se encuentra completamente absorbida por una actividad durante la cual pierde la noción del tiempo y experimenta una enorme satisfacción”.
El reto es claro: las experiencias que ideemos como producto turístico deberán tener como objetivo alcanzar ese llamado Flow del viajero.
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